martes, 2 de marzo de 2010

¿Pensando en comer o en alimentarse?

Mi abuelita tiene 85 años. Es alta -ahora algo encorvada por el paso de los años y los huesos gastados- de contextura mediana y porte imponente, sonrisa amplia, dulce y cariñosa como la mejor de las abuelas. Tuvo una infancia dura dada una precoz orfandad y una pobreza escalofriante. Entonces, con pocos recursos económicos y afectivos emprendió el camino de la vida hasta convertirse en una mujer, casarse y tener seis hijos en igual número de embarazos.

Las limitaciones económicas de su familia impidieron que concluyera sus estudios básicos escolares, pero no limitó su inteligencia e intuición al momento de alimentar a sus hijos con el apretado presupuesto que su cónyuge le daba, pues ella nunca trabajó.

Muchos solemos pensar que sólo las carnes -de res, cerdo, aves, etc- son los únicos alimentos disponibles para saciar los apetitos infantles y adultos, pero sostener una numerosa prole a base de estos insumos siempre caros no resultaba para nada viable.

Es así como aquella mamá joven se internaba en la profundidad de los mercados hasta encontrar una variedad de verduras, entre alcachofas, brócolis, aacelgas, espiancas, zanahorias, vainitas o choclos, darse maña para preparar recetas con las cuales colmar la mesa familiar.

¿Alimentarse o simplemente comer y llenar la barriga? tomemos en cuenta que comer es el acto de masticar y desmenuzar el alimento y pasarlo al estómago. Alimentarse -sin embargo- es suministrar sustancias al cuerpo para que lo sostenga, es nutrirlo.

He allí la diferencia fundamental entre el mero acto de “comer lo que sea para llenarse” y “alimentarse”. Y allí radica el éxito en el proceso alimenticio que mi abuela prodigó a mis tíos y a mi madre. Pero ojo, se predica con el ejemplo, porque muchos padres exigen a los hijos que coman verduras o frutas, sin embargo ellos no se sientan a la mesa con un plato de brócolis sancochados o alcachofas, espárragos, tomates o vainitas y se las comen con placer.

Pero tampoco vayamos a los extremos. Busquemos siempre el equilibrio, porque el cuerpo necesita de todo, proteínas, carbohidratos, harinas, dulces y salados. Pero la idea fundamental es comer un poco de todo sin inclinar peligrosamente la balanza hacia los panes, queques, pastas y harinas lo cual nos llevará a un nefasto sobrepeso quebrantando nuestra salud, ni tampo sólo ingerir verduras o carnes, todo extremo es no recomendable.

De mi disciplinada y alegre abuelita aprendí que el almuerzo siemrpe debe contener una ensalada de entrada -o un sufflé de verduras- un plato de fondo con poco arroz y un trozo mediano de carne, ave o pescado asado o a la plancha y una fruta de estación, “pero si podemos suprimir el arroz mejor aún” parece que la escucho con us voz suave pero firme.

Estas reflexiones las expreso al cabo de largos años de comer muy mal y llevar a mi cuerpo a extremos impensables de gordura. Ahora, con una vida más ordenada, comparto lo poco que sé de cómo alimentarse con equilibrio y no simplemente comer sin pensar.

Silvana Velasco San Martín

¿Comida = afecto?

“Si te portas bien te compro un chocolate”, “Si haces la tarea, te preparo las galletas que me pediste” “si comes toda tu comida te doy el pastel que tanto te gusta”. Tales son las frases con las que muchas madres y padres sentencian y/o condicionan a sus hijos para que obedezcan o cumplan con sus obligaciones.

Los compensan, les demuestran que “los quieren” dándoles lo que les gusta, golosinas, pasteles, refrescos saturados de calorías. Luego, al crecer, cualquier motivo es bueno para comer, un chocolate para aliviar la depresión, una torta para para el lonche, sánguches “para el camino” si nos vamos de paseo, gaseosas para la sed, caramelos para aplacar la ansiedad, en fin, razones y parches para justificar que todo el tiempo estamos llevándonos algo a la boca, no por hambre, sino por costumbre, terrible costumbre.

Recuerdo que cuando era niña, mi madre nos llevaba a mi hermana y a mí al gimnasio para hacer ejercicios y bajar el sobrepeso infantil que siempe nos aquejó. Yo solía tirarme sobre la colchoneta y negarme rotundamente a hacer las dolorosas abdominales, a correr o lo que fuera, odiaba los ejercicios, los detesto hasta hoy, pero los hago porque ya tomé consciencia que son -junto con una alimentación sana- la vía para alcanzar conseguiré un peso razonable y un estado saludable.

Pero mi madre, por amor y en su noble intención de convencerme de hacer los ejercicios, me ofrecía cuanto dulce podía con tal que yo cediera. Al finalizar cada clase, me despachaba una soda llena de calorías y sánguches. Por lo tanto, las pocas grasas que de mi cuerpo removían los ejercicios, las recuperaba volviendo a comer todas las “cosas ricas” que -para mí condición de gordita- estaban restringidas.

Siempre la compensación de comida igual a afecto. Siempre ese intercambio tan negativo, te quiero por lo tanto te gratifico con comida, con dulces, con gaseosas o sodas, siempre ese condicionamiento tan perjudicial.

Comida = afecto. Esta disparatada sinonimia deriva -en la mayoría de los casos- en una obesidad galopante. No digo que comer dulces sea malo, pero no debe y entendámoslo claramente, no debe usarse como “premio” como “galardón” de nada, porque nos acostumbramos a comer para compensar, para llenar vacíos, para gratificarnos y no vemos a la comida como un medio sino como un fin.

Disfrutar de un rico postre, de una deliciosa comida es válido y todos lo hacemos. Lo que es inconveniente es elevar a la comida a niveles de premio mayor, porque eso hace más daño que beneficio.

Disfrutemos de la comida, sin dejar que ese placer nos avasalle. No sólo por los efectos visibles en el aumento de peso, sino por los problemas que tarde o temprano acarrea en la salud.

Tengo una tía que cocina delicioso, por ejemplo, con tres o cuatro ingredientes, ella prepara verdaderas delicias, sin pensar ne calorías, carbohidratos ni nada por estilo. Sin embargo, ahora ese don de eximia cocinera lo está utilizando en especializarse en ensaladas, recetas nutritivas, ricas y con bajas calorías.

Sé muy bien que no es fácil desprendenrse de viejos hábitos que por más ricos que sean, son negativos. Todo es un proceso que requiere disicplina y constancia. Y, especialmente, comprender que el afecto y el amor pueden expresarse de mil formas diferentes que nada tienen que ver con la comida: una caricia una palabra positiva una sonrisa o un beso, dan mucho y lo más importante, alimentan el alma y no engordan.

Silvana Velasco San Martín

¿Qué pasa con el alma y los sentimientos de los jóvenes?

Un joven ingresa a una escuela alemana y arma en mano, aniquila a 16 personas para luego autoeliminarse. Advierte sobre sus atroces planes a través de la web, donde divulga sus resentimientos y odios. Aparentemente, no hay una explicación a tan cruel matanza, pero profundizando en la vida y el hogar de ese pueril asesino, vivió carente de afecto, evidenció transtornos mentales desde temprana edad pero obtuvo escaso apoyo terapéutico cabe preguntarse entonces: ¿quiénes son los responsables de dar a la sociedad semejante mounstruo?
Al otro lado del mundo, en el Callao, principal puerto del Perú, pandilleros asesinan a un padre de familia que salió a defender a su hija que estaba siendo asaltada. La víctima que portaba un arma de fuego, no pudo defenderse de la crueldad con la que los avezados delincuentes -chicos entre 16 y 20 años- le infringieron, asesinándolo por la espalda y a sangre fría.
Días atrás en otro puerto norteño peruano, una jovencita universitaria, su enamorado que era estudiante de medicina asfixiaron a la prima de la joven -una indefensa niña de ocho años- a quien previamente secuestraron para pedir un rescate de varios miles de dólares. La víctima reconoció a sus captores y éstos para que no hablara la mataron con escalofriante crueldad. Siguen en el sangriento escenario, los jóvenes como protagonistas.

Podríamos seguir enumerando interminables actos de insanía y maldad cometidos por jóvenes que no superan los 20 años pero que ya tienen el alma negra y los sentimientos más excecrables que se puedan describir. Entonces surge la pregunta ¿por qué pasa esto?, ¿hacia dónde estamos yendo como sociedad? ¿dónde están los padres que no guían que no cuidan el alma y los sentimientos de los jóvenes?.

¿Cómo pueden ensañarse contra una niña de ocho años y quitarle la vida inmisericordemente?. Creo a no dudarlo que estamos envueltos en una sociedad profundamente enferma y que requiere de medicinas que deben elaborarse en el hogar, al calor del amor, la paciencia y la responsabilidad.

¿Sabes quiénes son los pandilleros? son los hijos de nadie. Si los entrevistamos, descubrimos que la mayoría no conocen a su padre o a su madre, que a casi todos los parieron y nunca se responsabilizaron por ellos, que crecieron arrimados en casa de algún familiar que los maltrató, física, emocional y hasta sexualmente y por lo tanto las sinceras y genuinas expresiones de amor y cuidado paterno y materno brillaron por su ausencia.

Entonces ¿qué ciudadanos sanos de cuerpo y alma podemos pedir si ellos jamás supieron lo que es el amor? si sus cuerpos y sus almas sólo han recibido maltrato, hambre de comida y de afecto, vejaciones y humillaciones? ¿por qué la gente tiene hijos que no desea y que por lo tanto bota al mundo sin importar la suerte que los bebes -varones o niñas- correrán a futuro?

Es urgente e impostergable parar esta vorágine de jóvenes que desatan matanzas promovidas por mentes perturbadas y corazones carentes de un ápice de piedad y humanidad. Nadie da lo que no tiene, ellos no tienen amor no, lo conocen, no saben lo que significa y lo nutritivo que puede ser para enriquecer la vida de quien lo recibe, sólo conocen la cara negra de la moneda. Por lo tanto, nada pueden dar, así de simple y de cruel.

Si eres padre o madre cuida el alma y el corazón de tu hijo o hija. Si no tienes hijos pero los anhelas, evalúa bien si vas a tener el tiempo, la paciencia y el amor suficiente para llevarlo por el camino de la vida, protegiéndolo, pero también dándole los insumos para que aprenda a vivir respetando su entorno, pero también haicéndose respetar. No botemos hijos o hijas al mundo irresponsablemente, no alimentemos potenciales asesinos en una sociedad global que ya padece bastante.
Silvana Velasco San Martín

¿Comer para llenar vacíos?

Todas los países tienen, por tradición, una gastronomía variada, muchas veces exótica y no convencional, pero de las más famosas y conocidas del mundo, son deliciosas, tanto en la cocina como en la repostería. En verdad, no creo que haya una persona que se resista a un potaje con una vista apetitosa, un olor cautivante, un sabor exquisito…aunque sea abundante en calorías.

Comer es un placer, qué duda cabe. Sin embargo, muchas personas con problemas de peso, casi en su totalidad, se han dejado dominar por ese placer que los ha llevado a comer desmedidamente y que más allá de satisfacer una necesidad o un antojo, comen por ansiedad, por calmar una pena, por superar una cólera o por llenar un vacío afectivo.

Comer para olvidar, comer para no llorar porque no somos felices. Por raro que parezca, esto se convierte en una adicción, tan dañina como cualquier otra. Hace algún tiempo, conocí el testimonio de una señora que con 45 años pesaba más de 120 kilos y durante un tiempo, cuando vivió momentos difíciles al tener a su hijo adolescente en un hospital, todos los días tenía los bolsillos de su ropa repletos de dulces y chocolates que no ingería por placer, simplemente masticaba mecánicamente para calmar su ansiedad, para llenar el vacío de su pena y dolor.

Quiero aclarar que no estoy en contra de comer dulces o chocolates, porque a mí me encantan, lo que rechazo completamente es comer y dañarse, aunque parezca contradictorio. Sí, esa ingesta desmedida de cualquier tipo de comida o dulce -y que ya ni cuenta nos damos que ni lo disfrutamos, sino lo hacemos como robots- sólo perjudicará nuestra salud, fundamentalmente.

Porque el sobrepeso y la obesidad que de ello deriva, permite la aparición de diabetes, es un factor de riesgo del cáncer de seno en las mujeres, tenemos riesgo de sufrir infarto, sin contar el aspecto deprimente de vernos gordísimos (as) y usar prendas gigantes que no nos visten ni nos quedan bien, sólo cubren nuestro cuerpo como ponerle una sábana a un pesado mueble.

Comer para vivir, no vivir para comer. Ésa es la clave, una frase concreta tan difícil de aplicar en la vida diaria, cuando las presiones de todo tipo nos empujan a aplacar nuestra ansiedad comiendo un trozo gigante de pastel o un sandwich tamaño familiar.

He vivido tantos años en ese error, que ahora que estoy tomando las riendas de mi vida y que no permito que la comida me domine más, comparto la experiencia porque estoy segura que si yo aprendí y estoy cambiando, porque les informo que este es un proceso que dura toda la vida, estoy segura que a otros también les servirá.

Empecemos detectando cuáles son y porqué tenemos o sentimos vacíos. Cada persona es un mundo y cada conflicto es personal. Pero lo que sí estoy convencida es que ninguna pena o problema se resuelve con otra igual. Siempre será mejor enfrentar los problemas que atiborrarlos de comida “para olvidar que están allí” porqe sólo ahondamos el pozo del sufrimiento. Salgamos de él, caminemos hacia la luz de una vida mejor.

Silvana Velasco San Martín.

Niños en riesgo buscan una oportunidad

En cuanto traspasas la imponente puerta que permite el acceso al orfanato Ciudad de los Niños de la Inmaculada, ubicado al sur de Lima, capital del Perú, te inunda la ternura que derrochan más de 300 niños entre dos a 16 años de edad. Abundan abrazos, besos, palabras cariñosas, invitaciones a que vayamos a conocer sus “familias” como ellos denominan a sus pabellones donde pernoctan.

En cada “familia” viven aproximadamente 35 niños con sus respectivos tutores, por lo general parejas de esp0sos que asumen la responsabilidad de cuidar a su numerosa prole. Sus responsabildades comprenden ayudarlos a estudiar, supervisar que su ropa siempre esté limpia y ordenada, organizarlos para que el pabellón que habitan siempre este aseado, etc.

Tarea nada fácil para dos adultos que deben guiar a más de 30 niños en alto riesgo. Dicha condición infantil alude a que proceden de familias disfuncionales, por ejemplo padre drogadicto madre prostituta, cuando uno o ambos padres están en la cárcel y el menor no tiene quién asuma su cuidado y crianza, o cuando el niño/niña desconoce quiénes son sus padres, está al cuidado de un familiar y éste lo entrega a algún orfanto estatal o privado proque no puede mantenerlo.

Cruda, triste, amarga, pero esa es la realidad de miles de niños no sólo en Perú sino en América Latina. Pero, regresando al orfanato que les mencioné líneas arriba, involucrarse con ellos como trabajadora voluntaria -como es mi caso- es una experiencia maravillosa llena de amor, en donde en vez de dar, es uno quien recbe tanto amor por parte de niños que lo que más requieren es ser amados.

Muchas veces me he preguntado porqué la vida es tan castigadora con algunos niños y niñas. Porqué les hace vivir experiencias tan amargas como el abandono materno y/o paterno, maltratos físicos, pasar hambre, ser abusados sexualmente ¿por qué? me pregunto con mpotencia ¿qué o cuál es el mensaje que se nos quiere dar?

En verdad, no hallo respuestas para explicarlo. Pero lo que sí tengo y tienen muchas personas al igual que yo son ganas de ayudar, el genuino deseo de apoyarlos en la medida de nuestras posibilidades. A veces uno piensa ¿pero qué pudo hacer por ellos? no soy millonaria, no puedo darles dinero.

Pero ¿dispones de tiempo libre? ¿puedes donar aunque sea un cuderno o un lapicero en época escoalr o un juguete en Navidad? para ello no se necesita tener el dinero de Bill Gates, basta con una dosis de generosidad que gratifica el corazón.

También podemos visitarlos periódicamente y conversar con ellos, conocer sus sueños, darles un consejo, ayudarlos un rato con sus tareas, que sientan que la sociedad -que somos todos nosotros- no les da la espalda, los ignora o los mira como “los pobrecitos” los compadece, pero marcando distancia y nada más.

Todos podemos hacer algo por ellos, hay chicos que son súper inteligentes y hábiles, pero que sólo necesitan la oportunidad. Detectar sus potencialidades, canalizarlas adecuadamente e impulsarlas, para salvarlos de un destino igual o peor que el de sus progenitores. Sé de mucha gente que financia los estudios superiores de estos niños con excelentes resultados.

Darles la oportunidad a los niños y niñas en riesgo, abrirles las puertas a un mundo nuevo y beneficioso para ellos y ellas, inculcándoles el compromiso de que respondan con eficiencia, es una inversión ganadora. Ahorita que escribo estas líneas, se me ocurre por ejemplo que si una persona sola no puede financiar los estudios de un niño o niña, quizá se puede juntar con dos o tres y así la inversión es más llevadera.

Lo que necesitamos es la voluntad social, porque la unión hace la fuerza. Varias de las razones que los más crueles y despiadados criminales del mundo aducen, cuando se les interroga sobre el porqué de su accionar son: ”nunca conocí a mis padres”, “me violó repetidas veces el adulto que me cuidaba”, “sólo cursé los primeros años de estudios pero luego ya no me mandaron al colegio más”, “crecí solo y siempre tuve que usar la fuerza para conseguir comida o lo que necesitase”.

Cero afecto, cero cuidados. Las generaciones que se perdieron no tienen arreglo, pero las que vendrán sí, y nosotros podemos marcar la diferencia, si realmente queremos una sociedad con gente menos nociva, una sociedad más sana. Todos podemos hacer algo, cada buena acción cuenta, cada, sol, dólar, quetzal, euro, peso, lempira, cuenta y es útil para darles a los niños y niñas en alto riesgo la oportuindad de saber que la vida no es sólo dolor y abuso sino alegría, oportunidad de progreso y sobre todo que ellos al igual que cualquier otro niño o niña merecen ser amados y cuidados.

Silvana Velasco San Martín

Cuando la maldad tiene rostro de padre

Son muchos los casos de incesto en el mundo. Es una práctica socialmente condenable, pero tan antigua como la humanidad misma. Ese sometimiento cruel del padre sobre las hijas es repudiable y merece siempre la más drástica de las sanciones, sin dudas ni miramientos.

Joseph Fritzl no debe ser juzgado y condenado no sólo por incesto esclavitud y exposición de personas al peligro de muerte. Debe recibir una condena ejemplarizadora por atentar contra su propia sangre, contra su hija, un ser al que debió proteger, apoyar y amar, pero hizo todo lo contrario.

No vamos a abundar acá en detalles que los diarios de todo el orbe publican constantemente sobre este sujeto y su atroz accionar. Busco reflexionar acerca de la crueldad humana, cuando ésta tiene rostro paterno o materno. ¿Cómo puede se posible que tu propio padre te secuestre, te viole durante años y producto de esa vejación nazcan siete hijos y todo ello en un sotano sobre el cual vivía tu madre? ¿se puede creer en la versión de su progenitora que decía no tener la menor idea de lo que sucedía con su hija porque la creía fugitiva y capturada por una secta religiosa?

¿Va a decir esa señora que jamás oyo llantos de niños, pisadas, voces y/o la presencia de ocho seres humanos bajo sus pies? sinceramente es muy pero muy difícil de creerle.

¿Existirán atenuantes que, lejanamente, podrán aminorar la culpa de este ser humano, si es que se le puede llamar de esa manera? si a Fritzl se le llama “ser humano” me avergüenzo desde el fondo de mi corazón de compartir dicha condición. Fuimos creados para el bien, y aunque el mal siempre ronda nuestras almas, es el bien el cual impera en aras de nuestro beneficio y el progreso humano.

Es difícil no sentir que el alma se nos desgarra al leer el testimonio de su hija cuando detalla las condiciones infrahumanas y de hacinamiento en que la mantuvo cautiva y donde la obligó a padecer la mayor vejación que una mujer puede tolerar y donde procrearon siete inocentetes criaturas que por siempre llevarán la marca de ser producto de un acto incalificable.

Sí, sí, la justicia debe ser igual para todos, clama el abogado defensor de Fritzl, claro, todos merecemos un juicio justo, pero me pregunto ¿fue justo lo que este señor le hizo a su hija? ¿pensó remotamente en la definición de justicia cuando la violaba hasta el hartazgo y la embarazaba sin piedad?. Fritzl merece un juicio justo pero ¿su hija y sis hijos-nietos? ¿qué justicia humana les espera a ellos?

El mundo está en la obligación de abrir los ojos, ser drástico y ejemplar con Jospeh Fritzl, no debemos por ningún motivo que nuevos casos de este calibre, coronen las primeras páginas de los diarios y nos soben en la cara que nuestra sociedad despide un fuerte olor a cloaca mundial.

Es indignante saber de esta infamia cometida contra su propia hija durante más de 20 años. Es inimaginable cuál será la magnitud de su sufrimiento y si habrá alguna terapia de recuperación sobre la faz de la tierra que la ayude a ella y sus hijos a olvidar tan dantesco dolor, tan abominable experiencia.

Mundo despierta, mundo actúa. Los padres deben amar, no vejar, los adultos debemos proteger a los niños y niñas no hacerlos esclavos de nuestra bajas pasiones. Estamos a tiempo de salvar a una sociedad que a todas luces se hunde en lo negativo, sé, estoy segura que somos muchos quienes anhelamos y trabajamos por una sociedad más justa, limpia y sana en cuerpo y alma. No más Jospeh Fritzl por favor y que la justicia sea justa e implacable con quien destruyó lo más preciado que la vida le pudo dar: su propia hija.

Silvana Velasco San Martín

EL AMOR, EL MEJOR ALIMENTO

Es sorprendente la diferencia en el comportamiento de un niño o niña que es educado con disciplina, pero sin perder las expresiones de amor hacia él o ella, con la conducta del niño o niña que es criado con críticas, calificativos soeces, golpes o que vive en un ambiente violento.

El niño pega, el niño muerde, es un malcriado y lo corrigen ¡¡¡pegándole!!! ¿cómo lo van a educar usando el método que precisamente no quieren que él o ella apliquen?. Los niños y niñas más pequeños -especialmente entre los cero y tres años- sienten claramente cuando se les trata, educa y forma con amor, con disciplina y rigor, pero con la voz suave de la madre o el padre, hablándole las veces que sean necesarias para que aprenda.

Criar un hijo o hija exige una gran dosis de paciencia. Los niños suelen impacientarnos y queremos que de un grito o un jalón de brazo o cabellos nos entiendan y obedezcan. Muchas veces estamos apurados, porque tenemos otras obligaciones por cumplir, debemos trabajar o hacer las labores del hogar, por lo tanto los pequeños deben comer rápido, hacer rápido sus tareas, no fastidiar o sino simplemente los sientan frente a la televisón para que aprendan de todo, lo cual incluye muchos mensajes nocivos.

No puedo hablar como madre porque no tengo hijos, pero si puedo hacerlo como hija porque tengo padres hasta hoy a mi lado. Ellos no son perfectos -nadie lo es- pero me han guiado por el camino de la vida con sabiduría y amor incondicional, podemos pensar diferente hoy que ya soy adulta, pero las bases sobre las que se sostiene mi vida, me las construyeron ellos con mucho sacrificio y amor, insisto.

Dar amor. El amor nutre, alimenta, produce mejores personas, más seguras, estables y que al saberse bien amadas por sus progenitores, van por el mundo con mayor seguridad. Pero no confundamos el amor con los besos, abrazos, apachurramientos y meloserías que los adultos suelen dar a sus hijos, sin embargo, a la primera travesura le sueltan una bofetada que les desencajan el rostro o el cuerpo. Impaciencia total.

Otro aspecto importante es ¿cómo formamos un niño sereno y ecuánime si vive y ve que sus padres se agreden verbal o físicamente? ¿qué clase de ejemplo les transmitimos? La labor formativa de los padres exige serenidad, y entender que el niño o niña es una esponja que absorberá todo tipo de mensajes sin tamizar el beneficio o perjuicio de los mismos, pero que se le grabarán en la mente para siempre y no de la mejor manera.

Ama y educa, educa y ama. Confieso que mis padres no son expresivos físicamente, sin embargo hasta hoy que traspasé la barrera de los 40 años, viven preocupados por mis gustos, mi alimentación, mi salud, siempre están pendientes, siempre están allí, siempre con los brazos y el corazón abiertos, nunca de espaldas y siempre de apoyo.

Desafortunamente, soy consciente que no todos han tenido esta suerte. Insisto, mi hogar no es perfecto, pero mi madre principalmente, ha hecho y tolerado muchas situaciones duras, pero siempre a nuestro lado, siempre juntas educándonos con su palabra y su ejemplo. Ese gesto ha marcado mi vida, radicalmente.

Mi madre fue joven también y pudo abandonar el barco cuando los problemas de toda índole agobiaban nuestro hogar. Es lo que miles de mujeres hacen: abandonan a los hijos porque el marido las maltrata, padecen pobrezas, viven repoprimidas y maltratadas. Entonces dejan a los niños a la deriva y se van buscando algo diferente, no sé si mejor o peor, pero patean el tablero.

Es eso en lo que quiero incidir. No patees el tablero, mujer. La madre es vital en el proceso de criar con amor al hijo o hija. No deseo desmerecer la labor del padre, que también es muy importante, pero la madre es el tronco, la madre es la fuerza, es algo para lo cual no encuentro las palabras exactas, pero la ausencia de la madre en el hogar perfora el alma de los hijos, dejando un hueco que jamás se llena.

Mujer, alimenta el cuerpo de tu hijo o hija, pero fundamentalmente nutre su alma y su corazón de afecto, de buenos sentimientos, de gestos y ejemplos lo hagan mejor. Reitero, muchos de los peores criminales de la humanidad ni siquiera conocieron el rostro de su madre, jamás gozaron de un segundo de amor maternal, porque los botaron al mundo a su suerte.

De esta reflexión se desprenden muchas otras, por ejemplo: pensar bien antes de tener hijos, si se tiene la madurez y la solvencia económica para mantenerlos, pero son temas que aobrdaremos más adelante.

Mas, no olvidemos que el amor es el mejor alimento que nos fortalecerá para siempre.

Silvana Velasco San Martín

jueves, 4 de febrero de 2010

SERVICIO PROFESIONAL DE CORRECCIÓN DE TEXTOS

Todo documento escrito necesita, para su correcta comprensión, la mejor redacción. A través del servicio de corrección de textos, se obtendrá un material de óptima calidad.
Ofrezco mis servicios de corrección de: boletines, revistas, manuales, libros, memorias, etc. Eficiencia y seriedad.

martes, 19 de enero de 2010

ORTOGRAFÍA FUNDAMENTAL

Uno de los problemas que detecto diariamente en mi trabajo como correctora de texto, es el desconocimiento de las normas en cuanto al acento. Entonces, recordemos:
Las palabras agudas llevan tilde cuando acaban en vocal (a, e, i, o, u), en n o en s.
Ej.: mamá, bebé, jabalí, dominó, champú, volcán, compás.
Las palabras llanas llevan tilde cuando terminan en consonante que no sea n ni s.
Ej.: árbol, carácter, césped, álbum, Pérez.
Las palabras esdrújulas y sobreesdrújulas llevan tilde siempre.
Ej.: bárbaro, húmedo, médico, cuéntamelo.
Es simple y sencillo, pero se necesita práctica. Es básico dominar estas normas, porque nos permitrán escribir con claridad siempre.




lunes, 18 de enero de 2010

FUNDAMOS ASOCIACIÓN DAR: DESARROLLO, AUTOESTMA, RESPONSABILIDAD

Hemos fundado Asociación DAR: desarrollo, autoestima, responsabllaid, una organización sin fines de lucro cuyo objetivo es tranajar proyectos sociales en educacón, salud y nutrición, con niños, niñas, mujeres.
Tenemos el proyecto La merienda complementaria te ayuda a estudair mejor, estamos buscando 300 personas alrededor del mundo que nos donen 200 dólares ó 200 euros anuales para dar alimento y educación a más de 400 niños en San Juan de Miraflores y el Callao.