Son muchos los casos de incesto en el mundo. Es una práctica socialmente condenable, pero tan antigua como la humanidad misma. Ese sometimiento cruel del padre sobre las hijas es repudiable y merece siempre la más drástica de las sanciones, sin dudas ni miramientos.
Joseph Fritzl no debe ser juzgado y condenado no sólo por incesto esclavitud y exposición de personas al peligro de muerte. Debe recibir una condena ejemplarizadora por atentar contra su propia sangre, contra su hija, un ser al que debió proteger, apoyar y amar, pero hizo todo lo contrario.
No vamos a abundar acá en detalles que los diarios de todo el orbe publican constantemente sobre este sujeto y su atroz accionar. Busco reflexionar acerca de la crueldad humana, cuando ésta tiene rostro paterno o materno. ¿Cómo puede se posible que tu propio padre te secuestre, te viole durante años y producto de esa vejación nazcan siete hijos y todo ello en un sotano sobre el cual vivía tu madre? ¿se puede creer en la versión de su progenitora que decía no tener la menor idea de lo que sucedía con su hija porque la creía fugitiva y capturada por una secta religiosa?
¿Va a decir esa señora que jamás oyo llantos de niños, pisadas, voces y/o la presencia de ocho seres humanos bajo sus pies? sinceramente es muy pero muy difícil de creerle.
¿Existirán atenuantes que, lejanamente, podrán aminorar la culpa de este ser humano, si es que se le puede llamar de esa manera? si a Fritzl se le llama “ser humano” me avergüenzo desde el fondo de mi corazón de compartir dicha condición. Fuimos creados para el bien, y aunque el mal siempre ronda nuestras almas, es el bien el cual impera en aras de nuestro beneficio y el progreso humano.
Es difícil no sentir que el alma se nos desgarra al leer el testimonio de su hija cuando detalla las condiciones infrahumanas y de hacinamiento en que la mantuvo cautiva y donde la obligó a padecer la mayor vejación que una mujer puede tolerar y donde procrearon siete inocentetes criaturas que por siempre llevarán la marca de ser producto de un acto incalificable.
Sí, sí, la justicia debe ser igual para todos, clama el abogado defensor de Fritzl, claro, todos merecemos un juicio justo, pero me pregunto ¿fue justo lo que este señor le hizo a su hija? ¿pensó remotamente en la definición de justicia cuando la violaba hasta el hartazgo y la embarazaba sin piedad?. Fritzl merece un juicio justo pero ¿su hija y sis hijos-nietos? ¿qué justicia humana les espera a ellos?
El mundo está en la obligación de abrir los ojos, ser drástico y ejemplar con Jospeh Fritzl, no debemos por ningún motivo que nuevos casos de este calibre, coronen las primeras páginas de los diarios y nos soben en la cara que nuestra sociedad despide un fuerte olor a cloaca mundial.
Es indignante saber de esta infamia cometida contra su propia hija durante más de 20 años. Es inimaginable cuál será la magnitud de su sufrimiento y si habrá alguna terapia de recuperación sobre la faz de la tierra que la ayude a ella y sus hijos a olvidar tan dantesco dolor, tan abominable experiencia.
Mundo despierta, mundo actúa. Los padres deben amar, no vejar, los adultos debemos proteger a los niños y niñas no hacerlos esclavos de nuestra bajas pasiones. Estamos a tiempo de salvar a una sociedad que a todas luces se hunde en lo negativo, sé, estoy segura que somos muchos quienes anhelamos y trabajamos por una sociedad más justa, limpia y sana en cuerpo y alma. No más Jospeh Fritzl por favor y que la justicia sea justa e implacable con quien destruyó lo más preciado que la vida le pudo dar: su propia hija.
Silvana Velasco San Martín
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