En cuanto traspasas la imponente puerta que permite el acceso al orfanato Ciudad de los Niños de la Inmaculada, ubicado al sur de Lima, capital del Perú, te inunda la ternura que derrochan más de 300 niños entre dos a 16 años de edad. Abundan abrazos, besos, palabras cariñosas, invitaciones a que vayamos a conocer sus “familias” como ellos denominan a sus pabellones donde pernoctan.
En cada “familia” viven aproximadamente 35 niños con sus respectivos tutores, por lo general parejas de esp0sos que asumen la responsabilidad de cuidar a su numerosa prole. Sus responsabildades comprenden ayudarlos a estudiar, supervisar que su ropa siempre esté limpia y ordenada, organizarlos para que el pabellón que habitan siempre este aseado, etc.
Tarea nada fácil para dos adultos que deben guiar a más de 30 niños en alto riesgo. Dicha condición infantil alude a que proceden de familias disfuncionales, por ejemplo padre drogadicto madre prostituta, cuando uno o ambos padres están en la cárcel y el menor no tiene quién asuma su cuidado y crianza, o cuando el niño/niña desconoce quiénes son sus padres, está al cuidado de un familiar y éste lo entrega a algún orfanto estatal o privado proque no puede mantenerlo.
Cruda, triste, amarga, pero esa es la realidad de miles de niños no sólo en Perú sino en América Latina. Pero, regresando al orfanato que les mencioné líneas arriba, involucrarse con ellos como trabajadora voluntaria -como es mi caso- es una experiencia maravillosa llena de amor, en donde en vez de dar, es uno quien recbe tanto amor por parte de niños que lo que más requieren es ser amados.
Muchas veces me he preguntado porqué la vida es tan castigadora con algunos niños y niñas. Porqué les hace vivir experiencias tan amargas como el abandono materno y/o paterno, maltratos físicos, pasar hambre, ser abusados sexualmente ¿por qué? me pregunto con mpotencia ¿qué o cuál es el mensaje que se nos quiere dar?
En verdad, no hallo respuestas para explicarlo. Pero lo que sí tengo y tienen muchas personas al igual que yo son ganas de ayudar, el genuino deseo de apoyarlos en la medida de nuestras posibilidades. A veces uno piensa ¿pero qué pudo hacer por ellos? no soy millonaria, no puedo darles dinero.
Pero ¿dispones de tiempo libre? ¿puedes donar aunque sea un cuderno o un lapicero en época escoalr o un juguete en Navidad? para ello no se necesita tener el dinero de Bill Gates, basta con una dosis de generosidad que gratifica el corazón.
También podemos visitarlos periódicamente y conversar con ellos, conocer sus sueños, darles un consejo, ayudarlos un rato con sus tareas, que sientan que la sociedad -que somos todos nosotros- no les da la espalda, los ignora o los mira como “los pobrecitos” los compadece, pero marcando distancia y nada más.
Todos podemos hacer algo por ellos, hay chicos que son súper inteligentes y hábiles, pero que sólo necesitan la oportunidad. Detectar sus potencialidades, canalizarlas adecuadamente e impulsarlas, para salvarlos de un destino igual o peor que el de sus progenitores. Sé de mucha gente que financia los estudios superiores de estos niños con excelentes resultados.
Darles la oportunidad a los niños y niñas en riesgo, abrirles las puertas a un mundo nuevo y beneficioso para ellos y ellas, inculcándoles el compromiso de que respondan con eficiencia, es una inversión ganadora. Ahorita que escribo estas líneas, se me ocurre por ejemplo que si una persona sola no puede financiar los estudios de un niño o niña, quizá se puede juntar con dos o tres y así la inversión es más llevadera.
Lo que necesitamos es la voluntad social, porque la unión hace la fuerza. Varias de las razones que los más crueles y despiadados criminales del mundo aducen, cuando se les interroga sobre el porqué de su accionar son: ”nunca conocí a mis padres”, “me violó repetidas veces el adulto que me cuidaba”, “sólo cursé los primeros años de estudios pero luego ya no me mandaron al colegio más”, “crecí solo y siempre tuve que usar la fuerza para conseguir comida o lo que necesitase”.
Cero afecto, cero cuidados. Las generaciones que se perdieron no tienen arreglo, pero las que vendrán sí, y nosotros podemos marcar la diferencia, si realmente queremos una sociedad con gente menos nociva, una sociedad más sana. Todos podemos hacer algo, cada buena acción cuenta, cada, sol, dólar, quetzal, euro, peso, lempira, cuenta y es útil para darles a los niños y niñas en alto riesgo la oportuindad de saber que la vida no es sólo dolor y abuso sino alegría, oportunidad de progreso y sobre todo que ellos al igual que cualquier otro niño o niña merecen ser amados y cuidados.
Silvana Velasco San Martín
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