Es sorprendente la diferencia en el comportamiento de un niño o niña que es educado con disciplina, pero sin perder las expresiones de amor hacia él o ella, con la conducta del niño o niña que es criado con críticas, calificativos soeces, golpes o que vive en un ambiente violento.
El niño pega, el niño muerde, es un malcriado y lo corrigen ¡¡¡pegándole!!! ¿cómo lo van a educar usando el método que precisamente no quieren que él o ella apliquen?. Los niños y niñas más pequeños -especialmente entre los cero y tres años- sienten claramente cuando se les trata, educa y forma con amor, con disciplina y rigor, pero con la voz suave de la madre o el padre, hablándole las veces que sean necesarias para que aprenda.
Criar un hijo o hija exige una gran dosis de paciencia. Los niños suelen impacientarnos y queremos que de un grito o un jalón de brazo o cabellos nos entiendan y obedezcan. Muchas veces estamos apurados, porque tenemos otras obligaciones por cumplir, debemos trabajar o hacer las labores del hogar, por lo tanto los pequeños deben comer rápido, hacer rápido sus tareas, no fastidiar o sino simplemente los sientan frente a la televisón para que aprendan de todo, lo cual incluye muchos mensajes nocivos.
No puedo hablar como madre porque no tengo hijos, pero si puedo hacerlo como hija porque tengo padres hasta hoy a mi lado. Ellos no son perfectos -nadie lo es- pero me han guiado por el camino de la vida con sabiduría y amor incondicional, podemos pensar diferente hoy que ya soy adulta, pero las bases sobre las que se sostiene mi vida, me las construyeron ellos con mucho sacrificio y amor, insisto.
Dar amor. El amor nutre, alimenta, produce mejores personas, más seguras, estables y que al saberse bien amadas por sus progenitores, van por el mundo con mayor seguridad. Pero no confundamos el amor con los besos, abrazos, apachurramientos y meloserías que los adultos suelen dar a sus hijos, sin embargo, a la primera travesura le sueltan una bofetada que les desencajan el rostro o el cuerpo. Impaciencia total.
Otro aspecto importante es ¿cómo formamos un niño sereno y ecuánime si vive y ve que sus padres se agreden verbal o físicamente? ¿qué clase de ejemplo les transmitimos? La labor formativa de los padres exige serenidad, y entender que el niño o niña es una esponja que absorberá todo tipo de mensajes sin tamizar el beneficio o perjuicio de los mismos, pero que se le grabarán en la mente para siempre y no de la mejor manera.
Ama y educa, educa y ama. Confieso que mis padres no son expresivos físicamente, sin embargo hasta hoy que traspasé la barrera de los 40 años, viven preocupados por mis gustos, mi alimentación, mi salud, siempre están pendientes, siempre están allí, siempre con los brazos y el corazón abiertos, nunca de espaldas y siempre de apoyo.
Desafortunamente, soy consciente que no todos han tenido esta suerte. Insisto, mi hogar no es perfecto, pero mi madre principalmente, ha hecho y tolerado muchas situaciones duras, pero siempre a nuestro lado, siempre juntas educándonos con su palabra y su ejemplo. Ese gesto ha marcado mi vida, radicalmente.
Mi madre fue joven también y pudo abandonar el barco cuando los problemas de toda índole agobiaban nuestro hogar. Es lo que miles de mujeres hacen: abandonan a los hijos porque el marido las maltrata, padecen pobrezas, viven repoprimidas y maltratadas. Entonces dejan a los niños a la deriva y se van buscando algo diferente, no sé si mejor o peor, pero patean el tablero.
Es eso en lo que quiero incidir. No patees el tablero, mujer. La madre es vital en el proceso de criar con amor al hijo o hija. No deseo desmerecer la labor del padre, que también es muy importante, pero la madre es el tronco, la madre es la fuerza, es algo para lo cual no encuentro las palabras exactas, pero la ausencia de la madre en el hogar perfora el alma de los hijos, dejando un hueco que jamás se llena.
Mujer, alimenta el cuerpo de tu hijo o hija, pero fundamentalmente nutre su alma y su corazón de afecto, de buenos sentimientos, de gestos y ejemplos lo hagan mejor. Reitero, muchos de los peores criminales de la humanidad ni siquiera conocieron el rostro de su madre, jamás gozaron de un segundo de amor maternal, porque los botaron al mundo a su suerte.
De esta reflexión se desprenden muchas otras, por ejemplo: pensar bien antes de tener hijos, si se tiene la madurez y la solvencia económica para mantenerlos, pero son temas que aobrdaremos más adelante.
Mas, no olvidemos que el amor es el mejor alimento que nos fortalecerá para siempre.
Silvana Velasco San Martín
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