Describir es un acto cotidiano de nuestra vida. Cuando hablamos acerca de un lugar que hemos visitado o de una persona que conocemos normalmente los describimos (explicamos cómo son) para que nuestros interlocutores tengan una idea lo más clara posible de lo que hablamos o escribimos, según sea el caso.
Entonces, describir consiste en mencionar oral o por escrito cómo son las cosas, las personas, los objetos, los ambientes, etcétera. Este proceso se realiza después de observar las características de un objeto o situación, se seleccionan las que lo individualizan y dan con el lenguaje una imagen representativa de la realidad descrita, de tal manera que quien la lea o escuche, imagine el objeto o situación tal como si lo hubiera presenciado.
Es recomendable tener un estilo rápido, preciso y claro, escribir párrafos cortos, no largos o de complicada construcción. La impresión ha de ser directa, escueta. Evitar el estilo oratorio (discurso), es conveniente captar la atención del lector desde la primera línea. Desechar las frases débiles, explicativas y desde luego, nada de rodeos.
Empiece redactando "en borrador" las palabras, colores, formas y movimientos de lo que va a describir. Escoja también los adjetivos o epítetos que mejor caracterizan su descripción. Asimismo, los verbos que significan las acciones, movimientos, cambios, etcétera.
Al desarrollar una descripción, tomemos en cuenta que quienes la leerán nada saben del objeto, y que a nosotros corresponde dárselo a conocer. Entonces, es fundamental ser muy claro y preciso, producir lo mejor posible los datos suministrados por la observación; lo referido a las imágenes y las comparaciones y metáforas, tienen aquí aplicación inmediata.
Finalmente, evitemos decirlo todo, priorizando lo principal sobre lo secundario o insignificante. Precisión y claridad, las claves de una buena descripción.
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