martes, 2 de marzo de 2010

¿Pensando en comer o en alimentarse?

Mi abuelita tiene 85 años. Es alta -ahora algo encorvada por el paso de los años y los huesos gastados- de contextura mediana y porte imponente, sonrisa amplia, dulce y cariñosa como la mejor de las abuelas. Tuvo una infancia dura dada una precoz orfandad y una pobreza escalofriante. Entonces, con pocos recursos económicos y afectivos emprendió el camino de la vida hasta convertirse en una mujer, casarse y tener seis hijos en igual número de embarazos.

Las limitaciones económicas de su familia impidieron que concluyera sus estudios básicos escolares, pero no limitó su inteligencia e intuición al momento de alimentar a sus hijos con el apretado presupuesto que su cónyuge le daba, pues ella nunca trabajó.

Muchos solemos pensar que sólo las carnes -de res, cerdo, aves, etc- son los únicos alimentos disponibles para saciar los apetitos infantles y adultos, pero sostener una numerosa prole a base de estos insumos siempre caros no resultaba para nada viable.

Es así como aquella mamá joven se internaba en la profundidad de los mercados hasta encontrar una variedad de verduras, entre alcachofas, brócolis, aacelgas, espiancas, zanahorias, vainitas o choclos, darse maña para preparar recetas con las cuales colmar la mesa familiar.

¿Alimentarse o simplemente comer y llenar la barriga? tomemos en cuenta que comer es el acto de masticar y desmenuzar el alimento y pasarlo al estómago. Alimentarse -sin embargo- es suministrar sustancias al cuerpo para que lo sostenga, es nutrirlo.

He allí la diferencia fundamental entre el mero acto de “comer lo que sea para llenarse” y “alimentarse”. Y allí radica el éxito en el proceso alimenticio que mi abuela prodigó a mis tíos y a mi madre. Pero ojo, se predica con el ejemplo, porque muchos padres exigen a los hijos que coman verduras o frutas, sin embargo ellos no se sientan a la mesa con un plato de brócolis sancochados o alcachofas, espárragos, tomates o vainitas y se las comen con placer.

Pero tampoco vayamos a los extremos. Busquemos siempre el equilibrio, porque el cuerpo necesita de todo, proteínas, carbohidratos, harinas, dulces y salados. Pero la idea fundamental es comer un poco de todo sin inclinar peligrosamente la balanza hacia los panes, queques, pastas y harinas lo cual nos llevará a un nefasto sobrepeso quebrantando nuestra salud, ni tampo sólo ingerir verduras o carnes, todo extremo es no recomendable.

De mi disciplinada y alegre abuelita aprendí que el almuerzo siemrpe debe contener una ensalada de entrada -o un sufflé de verduras- un plato de fondo con poco arroz y un trozo mediano de carne, ave o pescado asado o a la plancha y una fruta de estación, “pero si podemos suprimir el arroz mejor aún” parece que la escucho con us voz suave pero firme.

Estas reflexiones las expreso al cabo de largos años de comer muy mal y llevar a mi cuerpo a extremos impensables de gordura. Ahora, con una vida más ordenada, comparto lo poco que sé de cómo alimentarse con equilibrio y no simplemente comer sin pensar.

Silvana Velasco San Martín

1 comentario:

Anónimo dijo...

Caí x google en tu blog, me gustó :)
Saludines. Lore.